‘Sí, tráigame millares de españoles, pescadores, vascos, castellanos, extremeños… "

Fue el 3 de setiembre de 1939, 2.365 republicanos españoles desembarcaron en Valparaíso. Su viaje a bordo del Winnipeg, un barco fletado por el poeta Pablo Neruda, fue uno de los capítulos más destacados del exilio español tras la Guerra Civil.


La noche del 2 de setiembre de 1939, el Winnipeg, un viejo carguero francés, atracó en el puerto de Valparaíso. La mayoría de los 2.365 republicanos españoles que viajaban en él pasó aquella noche en cubierta, con la mirada puesta en los cerros iluminados de la ciudad.

Pero la historia del carguero comienza meses antes, en el invierno de 1939, en los últimos coletazos de la Guerra Civil Española.
Con el ejército republicano en retirada, miles de republicanos, cerca de 500.000 según las cifras oficiales de la época, cruzaron la frontera entre Francia y España camino del exilio.

“La mayoría de estos refugiados fue confinado en campos de concentración, cercados por alambradas en un invierno especialmente frío, en pésimas condiciones higiénicas y mal alimentados”, 


Las noticias de la derrota republicana y de las condiciones deplorables de los exiliados españoles llegaron a oídos de Pablo Neruda.
“Neruda fue a hablar con Aguirre Cerda y le pidió que lo nombrara cónsul para la emigración española hacia Chile. Y el presidente le hizo un encargo: ‘Sí, tráigame millares de españoles, pescadores, vascos, castellanos, extremeños… Tenemos trabajo para todos’”, relató Ferrer. En Chile había ocurrido un terremoto.

Y con este encargo, Neruda viajó a París. Allí, el poeta entró en contacto con el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE), que comenzó a enviar cartas a aquellos que escapaban de la guerra. 



El 4 de agosto de 1939, el Winnipeg zarpó rumbo a Valparaíso con 2.365 pasajeros a bordo. El 3 de setiembre de 1939, los refugiados españoles del barco de Neruda desembarcaron en Chile. 



Los españoles del Winnipeg. El barco de la esperanza.






"Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego"
"y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.
Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!"



GUERRAS OLVIDADAS